Durante 45 días, el Atlántico fue horizonte y adversario. Cuatro mujeres, mexicanas, avanzaron a pulso sobre una franja infinita de agua salada, turnando el remo mientras el sol quemaba y la noche traía lluvia y viento. No solo buscaban llegar al otro lado, querían demostrar que la fuerza, la resistencia y el valor tienen voz femenina.
Ana Lucía Valencia, Andrea Gutiérrez, Eugenia Méndez y Lucía Muriel completaron una travesía que convirtió a Oceanida, su equipo, en el primero femenino de México y América Latina en cruzar el Atlántico a remo. Una hazaña deportiva que llevó consigo una bandera más poderosa: la equidad de género.
“Nuestra motivación principal es poder inspirar y apoyar a que más mujeres crucen sus propios océanos en equidad de oportunidades. Porque sabemos que no todas empezamos en la misma línea de salida”, dice a CNN Ana Lucía Valencia.
El reto que las llevó a hacer historia es la carrera El Cruce, organizada por la compañía española Atlantic Campaigns SL, en la que participan equipos de todo el mundo con la isla La Gomera, en las Islas Canarias, como punto de partida hasta Antigua y Barbuda, en el Caribe, como la meta.
Es uno de los desafíos físicos y mentales más duros del mundo. Los participantes reman más de 4.800 kilómetros, enfrentan jornadas extenuantes, olas que alcanzan hasta seis metros de altura, vientos, aislamiento total y temperaturas extremas con un bote sin motor como su único hogar.
Un entrenamiento de “prueba y error”
En 2023, con las cuatro a bordo, comenzó la preparación física y mental que incluyó horas en el gimnasio y la máquina de remo, expediciones en el agua, sesiones de terapia grupal y talleres de comunicación asertiva para afrontar el desafío: una prueba que exigía convivir con el cansancio, el estrés y la fuerza del mar.
El proceso de entrenamiento en agua fue de prueba y error debido a que no tenían experiencia previa en remo ni un entrenador que pudiera guiarlas porque nadie en México había hecho una travesía similar.
Andrea, Ana Lucía y Lucila cuentan a CNN que la primera vez que se subieron a “La Chalupa” –el bote en el que hicieron el cruce trasatlántico– dieron vueltas en círculos por horas porque tenían el timón al revés, pero después de aciertos y errores sumaron horas de práctica en el mar y expediciones que les dio confianza en sí mismas y en sus compañeras.


